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La banalidad de las circunstancias | Santiago González Díaz

Los contextos de crisis suelen ser grandes oportunidades para replantearnos los cursos de acción que realizamos y si estos nos están llevando hacia los horizontes que nos hemos planteado en nuestras vidas.

Curiosamente la filosofía oriental es la que propone el concepto de crisis como oportunidad, aquel oriente que se volvió modelo por muchos avances y progresos en este último tiempo, llegando a ser atractivo desde lo económico como también sus modelos de gobierno. Aquel oriente que mostró su lado oscuro con una pandemia cuyo culpable fue creado en un laboratorio chino y el gobierno de ese país desacertó en las políticas para poder contener la propagación de ese nuevo virus.

Algo que parecía lejano para nosotros se metió en nuestras vidas, alterando sustancialmente las tradicionales formas de relacionamiento social, sembrando miedo para algunos, indiferencia para otros; desencadenando solidaridad, pero librando al ser humano a un claro darwinismo social.

Según parámetros impuestos de moral se catalogó a algunos gobiernos de irresponsables por sus actitudes livianas para contener la pandemia, basándose en una dicotomía que oscila entre salud versus economía. Una y otra necesaria para el desarrollo natural del ser humano en este mundo.

Se compararon curvas de contagios a efectos de entender cuáles estrategias eran las más acertadas, para justificar las medidas de aislamiento o confinamiento voluntario de la población para evitar la circulación de la nueva enfermedad, obteniendo inicialmente una amplia aceptación social. Sin embargo, la tolerancia siempre tiene límites, para algunos se termina en menos tiempo la paciencia y se comenzó a cuestionar las medidas del gobierno, se pasó de la necesidad de trabajar para evitar el colapso de la economía familiar al cercenamiento de las libertades civiles.

Dirán que seis meses después de aquel marzo extraño y curioso, es fácil decir que la estrategia de contención podría haber sido otra, que cualquiera puede opinar desde afuera e indagar respecto de que se tendría que haber actuado de otra manera; es cierto. Es sencillo opinar 6 meses después, pero si es acertado opinar desde la experiencia vivida, no como una crítica sino como un proceso de aprendizaje colectivo.

¿Qué se aprendió? Desde mi punto de vista siempre es necesario disentir en cualquier lugar donde todos piensen igual, simplemente como una estrategia para despertar la reflexión. En ese sentido, es difícil saber si otro gobierno pudiera haber resuelto la situación de propagación de una enfermedad nueva y desconocida.

Se comparó con otros países del mundo: Suecia, Nueva Zelanda, Dinamarca, Italia, España; siendo que hoy Argentina se ubica entre los primeros países en cantidad de contagios y decesos, lamentablemente. ¿Pero es propio culpar exclusivamente a un gobierno?

¿Qué diferencia esas naciones de la nuestra? Estimo que la respuesta es obvia y ninguno de nosotros estamos exentos de ellos. No solo son naciones económicamente más estables, con sistemas sanitarios y recursos mucho más desarrollados; sino que, en muchas de ellas, la estrategia no fue el aislamiento sino llamar a la responsabilidad social.

Acá surge una nueva pregunta ¿fuimos responsables individualmente para beneficio colectivo? Hoy, “en la cima de la curva de contagios” es posible observar la indiferencia de la sociedad respecto de las medidas sanitarias sugeridas por el gobierno para poder evitar la propagación del virus en el país y en nuestra provincia (Tucumán). Algunos dirán que se perdió el miedo al virus y se decidió resignarse a convivir, yo sería más arriesgado y diría que nunca hubo mucho interés para algunos.

Se reclama libertad, sin definir que tipo de libertad es aquella que exige la sociedad. La libertad supone responsabilidad, un concepto que muchos conocen, pero prefieren escapar ante la necesidad de ser indiferentes y poder culpar a un tercero que contenga nuestra propia irresponsabilidad e indiferencia.

A seis meses de esta experiencia colectiva, observando la carrera entre naciones por convertirse en los salvadores de la humanidad con el desarrollo de una cura para esta nueva enfermedad que detuvo el mundo, es posible llegar a una conclusión; no fueron aquellas naciones con grandes recursos económicos o desarrollo sanitario las que pudieron sortear acertadamente esta pandemia, no fueron aquellos gobiernos que intervinieron en todos los ámbitos de la vida económica, social y acrecentaron el tamaño del aparato estatal y limitaron ciertas libertades con el argumento de la sanidad pública; sino que fueron aquellas sociedades, con una profunda percepción de comunidad, donde se entendió la necesidad de tener responsabilidad a partir de los que se conocía de la enfermedad, una responsabilidad en libertad.

Por Santiago González Díaz – Director de la Licenciatura en Ciencias Políticas en Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino

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