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¿Salud o economía? | Por Roque Galeano

La pesadilla pandémica ha sumido al mundo en un perturbador debate entre quienes piensan cómo enfrentar la calamidad desde el punto de vista de salvar vidas y quienes piensan que principal es reducir el daño en la economía. No es un debate “académico”, aunque ahora empiecen a aparecer expertos médicos en favor de la segunda opción.

De un lado, sanitaristas y expertos epidemiológicos impulsan medidas de aislamiento social para frenar la propagación del contagioso virus. Procuran salvar vidas, más allá del costo económico. Los acompañan los pocos estadistas que, como Alberto Fernández, han asumido esa posición. Del otro, son sectores empresarios de peso y usinas del pensamiento conservador ligadas a ellos, quienes ponen el énfasis en el costo económico de las medidas, cuya flexibilización y/o derogación proponen, aunque pierda eficacia la estrategia sanitaria.

Sus conceptos lindan el darwinismo, tal como puede inferirse de esto que escribió en el New York Times, el periodista Thomas Friedman: “O dejamos que muchos recibamos el coronavirus, nos recuperemos y volvamos al trabajo, tratando de proteger a los más vulnerables… o cerramos todo, buscando salvar a todos, en todo el mundo… sin importar su perfil de riesgo, y así matar a muchas personas por otros medios, matar nuestra economía y matar nuestro futuro.”

En una palabra, basta de cuarentenas, total los jóvenes no se mueren, entreguemos a los viejos y que haya una selección natural.

En Argentina, la presión sobre el presidente ha ido en aumento desde que comenzó la cuarentena, pero encontraron un escollo en la firmeza del mandatario. Frente a ello el establishment económico decidió pasar a los hechos desplegando una fuerte ofensiva, no solo utilizando los conocidos medios afines – o propios- sino utilizando la acción directa con la suspensión a 1.500 trabajadores en medio de la cuarentena por parte de Techint, escalando el conflicto hacia una fuerte confrontación política, acentuada por la participación de la oposición macrista, desplegando su ejército de trolls para denostar al gobierno y promover cacerolazos.

A ambos los preocupó el impresionante crecimiento político de Alberto en el manejo de la crisis, escalando hasta un 93% en su imagen positiva.

Claro que el aislamiento tiene un costo en términos de actividad de la economía, es el costo de salvar centenares de miles de vidas en el planeta. Pero sobre todo el costo es social y en países como EEUU que carecen de legislación que proteja a los pobres y a los trabajadores se ve claramente.

El trasfondo de la postura de oponerse a las medidas de aislamiento es bastante bizarro. Simplemente los dueños del poder económico no están dispuestos a perder dinero, ni aquí ni en el resto del mundo.

Las secuelas económicas y sociales de la pandemia (recesión, caída de la producción, aumento del desempleo) obliga a desplegar una enorme red de contención social por parte de los Estados y éstos carecen de los recursos suficientes para tan masivo fenómeno. ¿Quién entonces se hará cargo de ese costo?

Las miradas se dirigen naturalmente hacia los poderosos del mundo, aquellos que detentan enormes fortunas y obtienen en sus actividades inmensas ganancias. Ellos debieran poner el hombro estos meses.

El Foro Económico Mundial de Davos (meca del capitalismo global) señalaba el año pasado que en 2018, 26 multimillonarios poseían igual riqueza que 3.800 millones de personas en todo el mundo. Expresado de otra manera por la revista Forbes y el banco Crédit Suisse: en 2019 algo más de 2.000 individuos poseían igual riqueza que el 60% de la humanidad.

Volviendo a nuestro país, Paolo Rocca, el dueño de Techint, está entre los 200 hombres más ricos del planteta. ¿Es justo que corra gente en medio de esta angustiante situación, para presionar al gobierno? Fernández ha resistido las presiones, aún la de aquellos que, desde adentro del gobierno, lo alertan sobre la poca popularidad que tienen medidas como ésta. Ha logrado sostener casi un mes de cuarentena y aislamiento social, pero parece muy difícil que pueda prorrogar las mismas después del 13 de abril, dada la magnitud del impacto económico. Habrá que salir –como dice el manual para estos casos- de manera gradual y lenta del período de aislamiento.

El rol de Cristina 

La vicepresidenta se ha mantenido en prudente silencio por dos razones:
– En situaciones como ésta nada sería peor que el doble comando, ella debe dejar que Fernández consolide su autoridad y liderazgo
– También sabe que el efecto neurótico de la pandemia tendrá consecuencias sociales severas que alimentarán el descontento. Frente a ello, Fernández solo cuenta con la imagen del conductor enérgico que maneja la crisis con mano firme y espíritu justiciero. En definitiva, pretende no embarrar el campo, ya de por sí complicado.

La economía que viene 

Todos sabemos lo gravosa de la herencia que dejó Macri: una deuda pública impagable en los términos en que fue contraída, la economía con una fuerte retracción, la capacidad adquisitiva del salario en baja, aumento sustancial del desempleo, crecimiento de los índices tanto de pobreza como de indigencia, miles de pymes quebradas y cerradas y un largo etcétera que incluye una inflación inédita desde 1991.

Fernández debía encarar todas estas demandas a la vez: negociar con los acreedores una moratoria importante, mejorar la capacidad de consumo de la gente, reactivar la economía, auxiliar a las pymes, crear empleo, etc.

En ese contexto iba –logrando modestos pero meritorios avances: el FMI empezó a aceptar las condiciones e hizo una pública invocación a los acreedores privados para que aceptaran una quita en el monto de sus acreencias. Por otro lado, la inflación registró una im portante desaceleración den enero y febrero, bajando a la mitad.

La llegada de la pandemia descalabra todos esos esfuerzos y nos pone en una situación verdaderamente complicada. Seguramente cuando se haga el control de daños cuando pase la peste y termine la cuarentena, habrá hecho estragos. El PBI tendrá una fuerte caída, el em´leo también y será muy difícil sostener el programa de reducción inflacionaria. El impacto sobre el estado de la reducción de la actividad será muy fuerte: caerá la recaudación y por ende disminuirá la coparticipación a las provincias. El gobierno no tendrá mas salida que aumentar la emisión monetaria, lo que empujará a una suba del proceso inflacionario. Nada será como antes de la pandemia en Argentina ni en el mundo.

¿Cuál es el rol de Manzur y la oposición? 

Si existe alguien a quien la pandemia lo sacó de la hoguera, ese es Juan Manzur. Solo remontándonos a principios de marzo veíamos un gobernador arrinconado por las protestas sociales y gremiales, con las cuentas de la provincia en rojo y comprometida financieramente, la sociedad con su vice Jaldo fisurada por el indisimulado intento de Manzur de impulsar una reforma de la constitución en un polémico y nunca explicitado acuerdo con Fuerza Republicana, su relación con el gobierno nacional afectada tras los reiterados errores de manejo político.

En cambio, ahora se ve a otro Manzur jugando en el terreno que mejor conoce: el de sanitarista enfrentando una epidemia, así como debutó en 2009 en el Ministerio de Salud de la Nación controlando la epidemia de cólera en ese momento. Son temas en los que puede mostrarse solvente, hablar como un experto y hacer más realista su slogan de campaña de “cuidar” a los tucumanos.
Ahora hay una desgracia mil veces mayor que la provocada por su gestión, la sociedad esta angustiada y temerosa y sobre todo, nadie puede echarle a él la culpa del corona virus.

Esto no quiere decir nada más que eso: que pudo salir del centro de la tormenta provocada por él y es evidente que tiene alguna expectativa en salir mejor parado de todo esto una vez que amaine el tsunami pandémico.

La oposición en Tucumán ha perdido perfil y posicionamiento. Fuerza Republicana no califica para ser llamada así, muchos la acusan de ser funcional al gobierno provincial ayudando a dividir el espacio opositor. Pero hay que reconocer que ha logrado un importante crecimiento en la última elección provincial, aunque más bien parece que va a tener que mejorar mucho su perfil, discurso y propuesta para aspirar a ser una opción de poder. Por lo pronto, al final de la cuarentena a Ricardo Bussi lo esperan varios pedidos de explicación, ya que algunos de sus pares y periodistas, califican como irresponsable su conducta durante la pandemia. Y no solo pedidos políticos y mediáticos, también judiciales; Emilio Mrad es un abogado con oficio y se dice que su demanda contra el legislador está muy bien fundamentada.

Cambiemos perdió la paz (si es que la tuvo alguna vez) ya en las PASO presidenciales, cuando el intendente Alfaro tomó distancia de la reelección de Macri y comenzó a tender puentes para un acercamiento al Frente de Todos. Lo que haga no será menor, es el tercer actor político en importancia institucional en la provincia. De hecho, su esposa Beatriz Ávila jugó un rol importante en el alejamiento de un grupo de diputados vinculados al PRO que dejó al macrismo sin la ventaja de ser la primera minoría en la Cámara Baja y facilitar al oficialismo justicialista el manejo del quórum.

Álfaro armó su propio partido (el PJS) al romper con el PJ, a diferencia de Amaya que quedó directamente dentro del dispositivo del PRO. La sociedad política que alguna vez existió entre ambos hace rato que está disuelta.

La UCR mantiene su buen vínculo con el PRO en Tucumán, con el agregado de que éste carece de desarrollo político propio. En cambio hacia adentro de la misma, reina el desacuerdo. El intendente Campero y su par Sánchez de Concepción, alientan claramente una suerte de renovación partidaria, lo que quiere decir que tienen en la mira a José Cano, en primer lugar, y a Silvia Elías en segundo. A su vez estos dos últimos están enfrentados recientemente entre sí. Elías acusa a Cano de haber saboteado su campaña para gobernadora, jugando a que pierda. De que hay brujas, las hay… se vio a más de un allegado al odontólogo integrar el dispositivo electoral de José Alperovich.

En definitiva, el mejor aliado que tiene el oficialismo provincial es esa oposición poco seria, sin proyecto ni discurso atractivo y en estado permanente de conflicto interno. Hay que seguir con cuidado los pasos de Alfaro, quien ha demostrado mucho mayor sagacidad que sus ex socios y además tiene la picardía que le da su origen peronista.

La incógnita a develar en todo caso es que hará el kirchnerismo tucumano, pero eso debe ser materia de un análisis por separado.

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